Lo mejor de la Semana Santa 2013 :)

A pesar de que la tan citada lluvia ha provocado que muchos de los mejores momentos de la Semana Santa de 2013 no hayan podido siquiera producirse, esta ha generado muchos otros que, junto con los que ha surgido en el normal discurrir de los desfiles que sí han podido salir a la calle, han quedado guardados para siempre en nuestras retinas.

Todas las Cofradías tienen estos momentos irrepetibles, algunos más intensos que otros en función de la perspectiva y el sentimiento particular de cada uno. A continuación les expreso los míos, en una secuencia continuada de sucesos agrupados por cofradías.

Cofradía Dominicana: ver al Santísimo Cristo de la Victoria en la mañana del Sábado de Pasión, recién restaurado y con su paso inmaculado, ha sido uno de esos momentos que te pegan ese pellizco, aun más cuando tienes prácticamente la certeza de que la lluvia no va a dejar que los cacereños lo vean por primera vez subiendo al centro desde su barrio (aunque ya recorrió ese centro de la ciudad en la magna de 2010). Otro momento que fue personalmente muy especial, fue cuando la Banda del Humilladero comenzó a tocar dentro de la iglesia el solo de la marcha Requiem enlazado con Santísima Trinidad. Todo estaba dispuesto para dedicar esa marcha en la salida a nuestro Hermano Miguel Ángel y a todos los hermanos que nos han dejado este año para reunirse junto al Señor. El momento del solo nos estremeció el cuerpo y nos emocionó a quienes hemos pasado un año soñando con esta salida. También hay que destacar cómo la joven cofradía de la Mejostilla marcó tendencia con su Vía Crucis dentro del Templo por la lluvia y al definir previamente al día de salida los diferentes protocolos de actuación en función de la meteorología.
Hermandad del Dulce Nombre: Aunque resultó un poco raro el diálogo Junta de Gobierno-Costaleros (son prácticamente uno, por lo unida que está esta hermandad, como para poder mantener un diálogo en lugar de un monólogo con su forma de sentir al Señor), ¿a quién no se le puso la piel de gallina cuando los costaleros replicaron a la lluvia del cielo de Cáceres que querían levantar por dos veces a su Cristo? Seguidamente, ver las levantás del Señor de la Humildad y presenciar el andar al son de la pedazo saeta que se le cantó, compactó en un solo acto magnífico el esfuerzo de todo un año.
Cofradía de los Ramos: Eternamente será un momento muy especial los primeros repiques de tambor de la mañana del Domingo en el debut de decenas de niños junto al olor sin igual de las palmas al paso del Señor. La singularidad de la Cruz de la Hermandad de San Juan ante los pasos de la hermandad durante el Vía Crucis celebrado en el templo del Bautista generó un momento lleno de belleza y de recuerdos de los ausentes. La belleza sublime de la Madre de Dios y las joyas doradas que revestían su pecho, junto a su inmaculado palio, no fueron más que preciosos complementos a la más grande de las Esperanzas. La vuelta del Cristo de la Buena Muerte en la entrada, a velocidad de óleo, sin prisas, para escuchar hasta dos marchas de la Banda del Nazareno convulsionó los cientos de corazones que latieron ante cada uno de los pasos de la suave mecida. La salida del Cristo de la Buena Muerte también fue muy especial a los sones de Silencio Blanco tras el Toque de Oración.
Cofradía del Nazareno: La recepción de una Plaza Mayor abarrotada no la supera la diminuta plaza de la Campana, os lo aseguro. El Camino del Calvario bien llevado por hermanos voluntarios de la Virgen que quisieron colaborar con los tradicionales de la caída (alguno de estos otros acabó en la Virgen en una mezcla memorable). Ya era necesario que los jóvenes veteranos echen una mano para que se compense la inexperiencia de los más jóvenes para ensalzar la bella composición Salzillesca enjugada en su rostro por un paño. También hay que destacar la reflexión de ese joven sacerdote que expresaba su satisfacción de no haberse ido de España sin conocer la Semana Santa. Sublime fue sin duda, la salida de la Virgen de la Misericordia de la calle Pintores con Callejuela de la O, interpretada magníficamente por la Banda de la Diputación. Así se lleva un palio al son de la música. Este fue, para mi particular pasión cacereña, uno de los tres momentos más destacados de la Semana Santa. Finalmente, la Madrugá, ver al Señor de Cáceres andando tan solo y tan arropado por sus hermanos y fieles bajo las naves de Santiago a algunos nos parece tanto o incluso más especial que verlo en la calle, sobretodo por lo cerca que lo tenemos en ese momento los que retransmitimos desde el púlpito. Este año, además, la colocación fue especialmente preciosista, a los pies de la Cena y con los Calvarios de fondo. El Nazareno recorrió así con su mirada su Pasión. No obstante, nada hay comparable a verlo salir por la ojiva de la puerta de Santiago, mostrándose a las Claras o verle seguido del resto de pasos bajando los Adarves.
Cofradía del Amor: El Señor de las Penas a los pies de la Torre de Bujaco. Esa torre es casi una parte más de este paso. Están hechos el uno para el otro. La Banda de Música Ciudad del Tormes. Qué músicos, qué banda y qué repertorio. Esperanza de Triana Coronada a la salida de la Virgen y, sobretodo, Salve Baratillera. Un deleite ver a la Señora de la Caridad, tan delicada y dulce, con su manto nuevo con el escudo de la Hermandad (las hermandades cacereñas tienen que tener estilos propios), con una marcha que la mece y la arrulla (Pregón de Carlos Herrera) como la dedicada a la Caridad Baratillera de la Maestranza.
Cofradía de la Salud: La túnica del Señor, por primera vez en Semana Santa y la marcha Salud de Santo Domingo dedicada por la Banda de la Expiración de Salamanca. Una vez más, los costaleros dieron muestras de su progresión y su buen hacer y, ya que no podían salir a la calle, aprovecharon los grandes espacios del Templo de Santo Domingo para hacer la procesión protegidos por las naves del templo. El rostro del Señor, sentenciado por pilatos es y será siempre consuelo de los cacereños, y más en estos momentos tan complicados en los que el Cristo de la Salud acoge ante su mirada humilde a los desamparados y afligidos por las dificultades.
Cofradía de las Batallas: La Muerte no es el Final, interpretada por la Banda de la Diputación y cantada por las soldados que iban a escoltar al Cristo de los Servitas propició que, por segunda vez, se me saltan las lágrimas en la Semana Santa 2013 tras el recuerdo a Miguel Ángel el Sábado de Pasión. Más que destacable resulta ver a estos tres señerísimos pasos de la Semana Mayor cacereña en el centro de la Santa Iglesia Concatedral al son de la música. El Cristo del Refugio, a paso lento, en soledad frente al Sagrario, acompasado por la horquilla metálica, fue un paseo por los sueños de la Semana Santa. Ya en el Sábado Santo, los hermanos de carga alcanzaron la eternidad tras el derroche de fortaleza, clase y arte con el bellísimo compás con el que mecieron durante todo el desfile a la Virgen del Buen Fin. Como podrán ver en el vídeo, tuvieron a bien dejarme a solas con ella en la subida del Adarve.
Cofradía del Amparo: Amparo de ese Cristo, refugio de los cacereños que meditaron las siete palabras en su presencia. Ternura de canela, madera y brezo de inspiración puramente cacerense y de sagrado corazón del Padre del Cielo.
Cofradía del Humilladero: La inexperiencia de un joven saetero riñe con su pasión y su arte, y la primera cae derrotada en una oración cantada cargada de sentimiento, de desparpajo y de valentía, que es rezo absoluto de una fe que se abre paso por y para la Semana Santa, en la exaltación de un Dios llamado Jesucristo y en el amor desmedido hacia su madre Santísima, Corredentora del mundo y salvadora de corazones ignorantes como el mío, que se inspiran en ella para para seguir el camino. Un añito de ilusiones que se evaporan en unas pocas marchas queridísimos hermanos músicos de la Banda del Humilladero. Tantos sueños rotos que se desvanecen en una melodía de inspiración desvelada ante sus cristos. Calor, calor es lo que siente uno al entrar en esta antiquísima iglesia del Espíritu Santo. El calor que da su gente y el calor que da el gótico mezclado con el barroco, la morenez templada con la fina palidez del amarrado a la columna. Envuélveme en tí, Cofradía del Espíritu Santo, enséñame a expresar con sencillez una historia tan grande, explicada a las gentes que cada año, acuden sin cesar a verte y a poseerte, porque tus hermanos te comparten como aquel pan y aquellos peces.
Cofradía del Cristo Negro: Cuando se refleja su tez oscura sobre las antorchas y las piedras de la muralla en esa figura de leyenda que guarda el Cristo Negro con Cáceres, que por quinientos años le acompaña, a ese Santo Crucifijo que volvió a su casa, Santa María, contrastando con su piel tiznada sobre la inmaculada casa maestra. Acompañarle en la bajada de la Cuesta de la Compañía, es un privilegio solo para unos pocos. Seguirle, es acompañar la Cruz que abre el camino.
Cofradía de la Sagrada Cena: Tercera Caída, de mis lágrimas, la salida de la Cena y de la Virgen del Sagrario me hace caer por tercera vez con mi cruz al suelo. La Cena, por ver ese barco sobre los hombros de sus hermanos con eternas mecidas y ese colorido en contraste con el cielo, con la serenisima cara del Señor en el centro de toda la Humanidad. La salida de la Virgen, porque lo hacía en presencia de una persona muy especial, corazón de la Semana Santa Cacereña y que se encuentra padeciendo una grave enfermedad, de la que mi Virgen del Sagrario la va a sacar, pues nadie la ama tanto como ella cuando la lleva sobre sus hombros en el Jueves Santo de nuestra ciudad. También el recuerdo de Pablo, su jefe de paso, a todas las Madres de estas niñas benditas que la llevan sobre sus hombros y a todas las hermanas de esa piña que lleva por turno y que se encuentran enfermas en ese día tan especial. Y finalmente, la Banda Municipal, tocando Virgen del Valle en Zapatería y deseando mostrar un escogidísimo repertorio que la lluvia no nos dejó escuchar. No olvidaré tampoco la primera vez que Cáceres ha escuchado Triana de Esperanza cantada ni cómo luce el paso del Ángel sobre el espectacular cielo del Jueves de la Institución del  Triunfo de la Eucaristía,
Cofradía de la Vera Cruz: Ni siquiera pude verte y sin embargo, pude sentirte durante todo mi camino. A madera y a flores silvestres sabían los aires de Cáceres, que no olían a tierra mojada sino a Vera Cruz Bendita de San Mateo. Miradas de Amarrao, de Oración en el Huerto, del beso traidor de Judas ante la serenidad del Padre, de dolor y muerte de Salud y Expiración y de siete dagas en una atravesantes de un pecho que ya ni siquiera sangra, porque dos mil años llevuelva Ella mirando al cielo, afligida con un puñal de salvación, del ruega por nosotros los pecadores que dice el Ave María. No estuve allí, no los ví, pero que a mi no me diga nadie que no los sentí.
Cofradía de Jesús Condenado: Jesús Condenado, en la Madrugá del Viernes Santo y por las calles más angostas de la parte antigua de Cáceres, es la representación más veraz y exacta de la Pasión de Cristo en todo el mundo del Siglo XXI y es, por supuesto, esencia joven y universitaria del Cacereñismo antiguo y moderno más profundo. Impresionante es verle andando sobre paraguas para perderse, en compañía de la soledad, por las sinuosas calles de nuestra ciudad antigua.
Cofradía de Jesús de la Expiración: Cuando el manto rojo viste la Gracia y la Esperanza, es porque esta se viste de festejo. Pero el rojo palideze ante el agua, que por cientos, se derramaba entre los cantos reverdecidos de nuestro suelo. El Señor no expiró este año en Cáceres, pero murió acompañado en un sepulcro junto a San Mateo. Raso azul para vestir y acariciar la muerte, negro ruán para guardarle duelo
Cofradía de los Estudiantes: Ver al Cristo del Calvario a los sones de Virgen de los Estudiantes o con la marcha dedicada por la Banda de la OJE, sobre su manto de claveles rojos, de los pocos que van quedando ya mientras el cielo, cubierto, presencia la ruptura del templo. Las mantillas cacereñas a sus pies y los numerosos capuchones y niños de una hermandad de Viernes Santo. Gregorio Fernández nos regaló la perfección, la sobriedad y la elegancia del Cristo del Calvario. Los Estudiantes, lo acunan sobre sus andas en el balanceo constante y en su voz cantante del himno de la Legión.
Cofradía de la Soledad: En Cáceres no hay ni pasión viviente ni paso de descendimiento. Cáceres es fusión, es un estilo propio que se forja a través de los siglos y como una de las Semanas Santa Mayores, quiere seguir siendo referente. Por ello, bajo un orden ejemplar, expresa su representación del mayor dolor, una vez que todo se ha consumado y lo presenta descendiendo de la cruz, en las manos de dos cofradías,  se lo entrega a la Madre, la consuela y guarda el más riguroso luto junto a Ella. Cáceres, siempre Cáceres, que ha sentido y vivido su pasión, envuelve el cuerpo de Cristo a la espera de la Resurrección. Tres días más tarde, el templo, reconstruido, celebra que por fin, todo está cumplido.

Estas son las crónicas, que no poesías, que pueden trasladarte a algunos de los momentos más sublimes de la Pasión Cacereña que, aunque llueva, se expresa casi siempre en lo más profundo y significativo de si. Siempre sincera, a su modo y manera, abriendo de par en par sus puertas.


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