Sábado de Pasión: Hermandad del Dulce Nombre

Tarde de emoción en el barrio del Vivero. Tarde de encuentros, pero también tarde de ausencias. De una especialmente que nos encontrábamos nada más llegar y que partía en mil pedazos nuestro corazón. Como ya ocurriera hace dos años con nuestro Hermano Miguel Ángel, quien sigue muy presente entre nosotros, el Señor llamó también la pasada semana a una joven hermana del Dulce Nombre a su presencia. Una larga enfermedad hizo que Clara cruzase ese umbral que separa lo humano de lo divino y se colocase este sábado de pasión a los pies del Señor durante toda la procesión, durante toda la eternidad como hiciera aquella joven que lo ungió con los mejores perfumes. Un mar de claveles rojos y numerosos ramos de flores en su recuerdo llenaban de color el camino de Humildad. Ausente en cuerpo, Clara hizo morada en espíritu en cientos de almas agolpadas para ver a su Señor caminando por su barrio.

Pasaban unos minutos de las ocho de la tarde cuando la Banda de CCTT de Jesús Nazareno y María Santísima de la Esperanza entonaba la Marcha Real. Despacito, pasito a paso, el Señor de la Humildad dejaba atrás las puertas de Beato Spínola para mostrarse como siempre, firme y sereno, templado ante cientos de miradas sedientas de prenderlo, de lanzarse a sus brazos abiertos y acurrucarse al amparo del Padre del Cielo. Primeros izquierdos y una marcha antológica, tierna, suave, con la que el pueblo y su Señor se fundían en un abrazo eterno, dejando atrás cuantas preocupaciones y pensamientos, que se desvanecían de momento. Un contraluz constante, del resplandor del firmamento a la sombra del olivo. Emociones desbordadas y torrentes de oraciones cuidadosamente conservadas durante todo el año para ser lanzadas en este instante. Largas melodías acunando al Señor y cuarenta costaleros partiéndose el alma por ser sus pies, por crear ese silencio que aparece justo antes del aplauso, de ese sentimiento desgarrado cuando de lo más profundo de los estremecidos cuerpos surge un olé ante cada uno de los pasos del Señor. Emociones contenidas en la garganta, aliviadas con quejíos y reconocimientos de una muchedumbre entregada y aferrada a su rostro.

Un larguísimo sendero de personas construía el camino por el que caminaba la Cofradía y asistían todas ellas enmudecidas ante cada uno de los movimientos del paso. De recogida, la oscuridad era interrumpida constantemente por pequeños luceros que alumbraban sentimientos a flor de piel, miradas y flashes furtivos deseosos de captar ese momento que te cambia la vida, ese instante en el que descubres que más allá de esa madera brillantemente tallada se encuentra la fe y el sentir de un pueblo. La confianza ciega, la brillante certeza de que Clara, Miguel Ángel y tantos y tantos otros se encuentran ya en su regazo, protegidos y en su presencia.

Ese mismo pueblo, sentía en el encierro definitivo del paso, que se le escapaba el Señor, que iba ya prendido irremediable a la Semana Santa y que, aun siguiéndole de cerca, tras permanecer junto a él durante toda la tarde, durante toda una vida, tan solo podrá contemplarlo, durante ocho días, sin más remedio que esperar para volver a abrazarlo.

Galería fotográfica.


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