Martes Santo: Cristo del Perdón

Tarde de Martes Santo, tarde de silencio roto solamente por el sonido de las cadenas de los penitentes, de las cruces que se arrastran lentamente entre el traqueteo de la madera acariciando los suelos por los que pisará el Señor. Recorre el Cristo del Perdón calles angostas, enrevesadas y hasta el Arco de Santa Ana. Le iluminan solo cuatro faroles que en su travesía le acompañan. Las aves que revolotean en San Juan y en los Adarves asisten nerviosas ante la tenue mirada del Señor compasivo ante sus verdugos. Humilde, camina sobre su trono de madera labrada y solo sus potencias dejan entrever la silueta de un Dios hecho carne. De nuevo la serenidad, el silencio y la Misericordia calman las furias que día a día se desatan por cualquier desencuentro mientras las cabezas se agachan a su paso reconociendo sus faltas y recibiendo el consuelo tras la confesión. Los querubines posados a sus pies endulzan de alguna manera la crueldad de un reo maniatado, sujeto por una caña, azotado y con la sangre de la corona de espinas descendiendo ya por su pelo. La pasión, donde la gloria y la muerte se dan cita en un mismo día, avanza irremediable hacia su dureza más drástica.

Galería fotográfica.


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