Subida de la Virgen de la Montaña

Tras recibir uno por uno a miles de cacereños durante 9 días de audiencia pública y dos de besamanto, la Patrona de Cáceres ascendió ayer de nuevo a los cielos con su manto colorao cargado de fe y esperanza. Esa fe y esa esperanza que un pueblo ha depositado en Ella, abogada nuestra, corredentora de amor.

Partió su paso a las 9 en punto de la Concatedral de Santa María tras la misa de despedida oficiada por Monseñor Francisco Cerro, Obispo de Coria Cáceres. No cambió su semblante alegre al iniciar la vuelta al Santuario, pero la nostalgia comenzó a apoderarse de Cáceres una vez traspasado el umbral del Arco de la Estrella. La Madre del cielo, cruzaba así la puerta de la casa y frente al ayuntamiento comenzaba a desvanecerse el sueño del mes de mayo. Petaladas en pintores, preciosas revirás en San Juan, a un pasito lento, que casi no avanza pues nuestra Madre no quiere alejarse de sus hijos.

Y en el caminar alegre de la primavera, tras la soledad, un poquito más adelante, unos ángeles abrían a su paso las puertas del cielo y la recibían con sus corazones abiertos de par en par. Hijas de Santa Clara, palomas franciscanas recibiendo en su casa a la Virgen de la Montaña entre unos rostros empapados de alegría, entre escalofríos en la piel y entre un amor grabado en unas vocaciones santas de estos ángeles terrenales que día a día rezan por nuestras almas.

Ya con el puente San Francisco de fondo, una voz sin la cual Cáceres no sería la misma, entonaba poesías hechas canciones dedicadas a la Reina de los cacereños. Felisa animaba nuestras almas en este ocaso de alegría mientras los hermanos mecían a la Virgen frente a ella. Todo ello prolegómeno sin igual para la emoción desmedida que provoca en los fieles la llegada a la calle Miralrio con la suelta de Palomas de la familia Galeano. Vivas y más vivas en toda una declaración de amor y de fe al paso de la Santísima Virgen. Y quiso la providencia que una paloma, o el mismísimo Espíritu Santo, escalase por el manto hasta posarse en la misma corona de la Virgen, acompañándola hasta la llegada a Fuente Concejo donde como una bendición partió sobre los fieles en una alegoría preciosa de cuando el Espíritu Santo se posó sobre ella concibiendo al Señor de los Cielos por su obra y gracia.

Momento de la separación, última bendición del Obispo y retirada del bastón de mando de la ciudad que año a año le cede la alcaldesa de Cáceres a la Madre, Reina y Capitana de los cacereños. El público congregado en este punto, impaciente, deseoso de verla bailar, tarareaba ya el redoble justo antes de que la Banda Municipal entonase sus acordes poniendo punto y final a la procesión y marcando el inicio de la Romería.

Los hermanos, a paso rápido ascendían con la Patrona por la Sierra de la Mosca, previa última mirada a la ciudad desde San Marquino para, en el Amparo, dejar a la Virgen en hombros del pueblo. Las fincas aledañas a la carretera, ofrecían un año más patatera, queso y bebida a unos hermanos sofocados por el intenso calor del primer domingo de mayo. Fraternal abrazo el que ofrecen siempre a los cofrades estas hospitalarias y cariñosas familias vecinas de la Madre de Dios.

Finalmente, tras las dos curvas peligrosas, el eterno y brillante canto por sevillanas se hacía sinfonía cerquita del cielo con las bellas voces del coro rociero cantando a la Virgen que, despacito, como queriendo alargar el momento hasta el fin de la historia, se acercó hasta colocarse en el templete para la misa de romeros. Una vez finalizada esta, la Montaña fue devuelta al camarín de su Santuario, para ser venerada por los fieles que en promesa suben todos los días del año a la casa de Dios.

Un año más, los hermanos rezaron por los hermanos difuntos en el hoyo y Petri Román dedicó unas bellísimas coplas a la Virgen, cargadísimas de deovición y en precioso recuerdo de las poesías que se recitaban antaño. A pesar de que el Restaurante del Santuario había sido prácticamente desmantelado en los días previos a la subida, la Cofradía consiguió ofrecer a los hermanos un cóctel y una paella que ante esta situación permitió a los cofrades terminar la jornada con la tradicional convivencia fraterna.

Durante el desfile procesional, nuestro equipo recogió varias demandas que los fieles y hermanos nos transmitieron en el transcurso del desfile procesional.

Las hermanas clarisas solicitaban que la Virgen pase por la puerta principal de la iglesia del Convento de Santa Clara pues a las más mayores les cuesta mucho bajar hasta la puerta trasera. Sería bonito ver a la Virgen en la puerta del templo.

También muchos fieles y hermanos lamentan que se perdiera la procesión de los campos que se celebraba tras la comida de hermandad, pues la recogida tras la misa de romeros deja muy desangelada la explanada del Santuario y los campos sin bendecir en una pequeña procesión que siempre atraía a las familias de los hermanos, a los fieles y a los cofrades, sobretodo jóvenes que por primera vez se metían bajo los varales de la Señora.

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