La Esperanza Macarena de vuelta a su Basílica

Quiso el sol ser tu compañía en los primeros compases de tu vuelta. Sintió el deseo de unirse al calor de tu gente y acompañarte en el baño de Esperanza del regreso a tu basílica. Solo algunas nubes de alivio se asomaban de vez en cuando por el cielo azul de Sevilla para refrescarte ante tanto fervor desatado ante tu presencia.

La luz hacía resplandecer cada bordado del palio que en ese caminar crea en torno a ti una balada de sentimientos desatados, una oración luminosa que se concentra en torno a tu paso y que hace de tu procesión una declaración de fe poderosa que hace retumbar los cimientos de España entera.

Casi trescientos kilómetros por volver a verte en la calle y los haría incluso andando porque observarte a ti en la calle es como caer en un sueño eterno en el que se descubren los misterios de Dios. Una fulminante mirada por tus ojos es suficiente para conocer el sacrificio de la pasión y la gloria de la resurrección.

Pero a ti hay que mirarte de perfil que yo de frente no puedo. A ti hay que contemplarte mientras derramas tus ojos sobre las esperanzas de tantos y ver ahí el milagro de la inmaculada que se convierte en sendero hacia Dios.

Cae la noche y en la Casa de los Ángeles se disponen para acogerte. Guardan para ti sus mejores voces, una enorme petalada y hasta una saeta que rompe la primavera de mayo demostrando que cuando tu estás en la calle vuelve a florecer el azahar aunque lo haya marchitado el verano.

El cansancio se adueña de las esquinas pero la bulla sigue a tus pies impertérrita, con los ojos de cientos puestos en cada movimiento de bambalina, en el fulgor de cada pieza de tu candelería y en el aire que se desliza entre tus manos en este besamanos de aliento de tus fieles, del cariño de una sevillanía que por ti se entrega en cada paso. Así te vemos llegar a San Julián donde Hiniesta y Rosario te esperan a sus puertas para que los pocos que aquí caben vean a tres vírgenes que son tan solo una y que es capaz de traer a media España a rezarle a Andalucía.

Tras un breve descanso, te veo llegar de nuevo, desde tu emblemático arco. Aun es de noche y tu cara ennegrecida solo te hace aun más bella pues el humo de tus cirios solo resaltan más tu eterno semblante, el más fiel reflejo del rostro de una Madre que fue sagrario de oro del Señor, Dolorosa en su Pasión, Angustias en su cruz y alegría sublime en su Resurrección. No son pocos los que resisten y te aguardan para un momento que marcará sus vidas mientras poco a poco se inicia este instante con las primeras luces de un nuevo día. Con compases siempre macarenos, comienza una eterna chicotá que se graba a fuego en nuestras retinas. El sol intenta abrirse hueco entre los varales pero tu palio aun no le quiere prestar tu rostro que por el momento aun es solo nuestro. Se crea ese instante de intimidad en el que la multitud es solo uno y tú eres su deseo. Últimos minutos de gozar de tu cercanía y la mañana parece que se descubre solo ante tu presencia. La candelería de un amarillo anaranjado de ternura va cristalizando y haciéndose fría pero en el centro del palio comienza a relatarse aquella letanía de Rodríguez Buzón. El paso de palio sevillano se desprende de ti y quedamos solos ante tu mirada, ante los suspiros de Esperanza que se elevan de nuestras almas y que se dibujan por tu manto en un mar de oraciones.

Por fin el sol consigue traspasar las bambalinas y empieza a besar tus mejillas intentando desterrar las lágrimas que por ellas se deslizan. Así el reino de los cielos se manifiesta por momentos ante nuestros ojos ante la fugacidad de esta entrada que recordaremos eternamente. Se desbordan lágrimas y sonrisas de alegría que se apagan paso a paso ante la inminente despedida. Se duerme esta inolvidable madrugada y se despierta un cielo nuevo que representa unas vidas nuevas que se manifiestan después de haberte visto a ti, de haber pasado estas brevísimas horas contigo.

Gracias Macarena, por incluirme entre esos elegidos que te vieron bajar de los cielos en este precioso amanecer macareno. Nunca podré ni querré olvidar este sueño.

Galería fotográfica de la vuelta a la basílica

Galería fotográfica del traslado de ida a la Catedral (Basílica y Resolana)
Galería fotográfica del traslado de ida a la Catedral (Montesión)








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