Hasta pronto Padre Juan Carlos

Ayer, al finalizar la misa aplicada por el eterno descanso de su hermano, fallecido hace un año, junto a los avisos habituales, el Padre Juan Carlos anunciaba su marcha a Jerez de la Frontera a partir del mes de septiembre, tras 10 años en la Parroquia cacereña de San Juan Macías.

Se despide así de nosotros, un gran pastor que en todo momento ha cuidado de sus ovejas, que nos ha llevado de la mano ante el Padre y nos lo ha enseñado con la sencillez de un hombre humilde, el gran amor que tiene el Señor por nosotros. Muchos ya hemos vivido temerosos de este momento, pues desde hace años nos hemos dado cuenta de que tenemos unos pastores que no sé si nos merecemos pero que desde luego son un gran tesoro para la Diócesis, la cual, a través de sus fieles, nunca podrá dejar de agradecer a Dios que nos haya regalado unas personas tan brillantes, tan cariñosas y tan entregadas por el pueblo de Dios.

Desde el primero, el Papa Francisco y antes Benedicto, pasando por nuestro Obispo Francisco y una hornada de sacerdotes como Manuel Buiza, que también se nos marchó, el Padre Fernando, el Padre Juan Carlos, Javier Romero, Miguel Ángel Morán, Diego Zambrano, Raúl Hernández o David Flores, entre otros muchos que no nombro por conocerlos menos, los cacereños de nuestra generación lo hemos tenido más fácil que nunca para sentirnos cerca del Señor, para encontrar apoyo en los buenos y en los malos momentos y para ser conscientes de que no solamente tenemos a Jesucristo a nuestro lado, sino una Iglesia Diocesana que con fuerza nos acoge y nos guía en nuestra vida.

El Padre Juan Carlos ha sido un claro exponente de lo que debe ser un pastor, humilde, sencillo, prudente, siempre disponible, con un poderío imponente cuando se trata de llevar la Fe a los corazones, bien a través de homilías cautivadoras, siempre muy cercanas y didácticas para niños, jóvenes y mayores, vigilias, de su Cofradía Dominicana o creando siempre una parroquia con múltiples órganos o brazos pero que se mueve al ritmo de la comunidad de Cristo, siempre unida y con un objetivo común.

Como comentaba anoche en Facebook, no es momento de llantos ni de tristezas, es momento de dar gracias a Dios y a Juan Carlos por el magnífico tesoro que ha sido la compañía de nuestro Dominico durante estos 10 maravillosos años, como también lo fueron al lado de otros miembros de la comunidad que ya han partido a otros lugares, como el Hermano Pío, que también se despidió hace unos meses de nosotros.

Ahora ya no solo tenemos parada obligatoria en Andalucía cuando pasemos por Sevilla, sino que Jerez es ahora lugar de paso obligado para nosotros para pasar un ratito por quien ya es parte de nuestras familias, nuestro querido Padre Juan Carlos quien, a partir de septiembre, marcha para la ciudad gaditana pero quien siempre estará con los brazos abiertos para recibirnos, y nosotros recibirle a él, allá donde estemos. No obstante, aun es muy joven y nunca perderemos la esperanza de volver a tenerle cerca en un futuro.

Os dejamos con uno de los últimos regalos que nos ofreció. El Sermón de las Siete Palabras de la pasada Cuaresma.




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