525 años no se pueden dilapidar en 4 horas

Era, junto a la Eucaristía Fundacional, el acto más importante del amplio programa de actos de la Cofradía del Humilladero para la celebración del 525 aniversario de la creación de la Cofradía del Espíritu Santo. Decenas de cofrades se agolpaban a las 16:45 de la tarde, con sus túnicas puestas, a las puertas de San Mateo, esperando, sin lugar a dudas, a que las lluvias y las previsiones se apagasen y que los últimos rayos de sol de la tarde fueran solamente para Él, en un desfile memorable por las calles de la ciudad monumental de Cáceres. Nada hacía presagiar que el Señor fuera a faltar a su cita por los adarves, ni siquiera los pronósticos preveían más que una fina lluvia a las 5:30 de la tarde, esa lluvia que hace 3 semanas era tan anhelada y que ahora es aborrecida por tantos.

Sin embargo, a veces el Señor hace cosas incomprensibles para el ser humano, que considera que no puede haber nada mejor que verlo salir a la calle, que hacerse presente en el interior de la muralla, dejando imágenes grabadas en cientos de miradas y fotografías. Parece hasta ridículo que en 365 días, en los que no llueve ni en la mitad, hayamos tenido la desgracia de elegir un día en el que el tiempo se haya hecho dueño de la calle. Pero quizás Él ya nos lo tenía preparado, pues el Señor nos enseña a ser humildes, a que solo Él tiene el control de la madre tierra y ante eso, solo podemos contemplar. Contemplar la obra de su creación que hace también nuestra ciudad bonita bajo un chaparrón y bajo una lluvia fina, con esos arcoiris dobles engalanando una ciudad que se viste de gloria, con una iglesia de San Mateo desbordada por un torrente de cofrades en su interior y por unas emociones que difícilmente se podrían haber producido siquiera en el rincón más bello de nuestra ciudad. 

El Señor quería emocionarnos, y nos emocionó, consiguió que muchos de nosotros nos fundiéramos en abrazos, gesto de amor fraterno entre hermanos, entre lágrimas de emoción contenidas en gargantas estremecidas por nudos que rompen llantos incontenibles. Y todo, ante su presencia, ante la humilde figura de un salvador de pequeño tamaño, con la fuerza soberana del que es rey de la humanidad, de aquel que junto al Sagrario se veía ayer más bello que nunca. Que sí, que iba en su mismo paso y nada parecía haber cambiado pero ayer, se veía diferente, su tez morena se hacía entrañable y sus candelabros brillaban más que nunca mientras sus hachones, impertérritos, lo custodiaban fieles como un ejército.

Solo hubo que ponerlo sobre los hombros, de cofrades con los ojos humedecidos por las lágrimas, con mejillas rotas por el dolor como si hoy fuera cuando lo crucificaran, para que tantos y tantos nos rompiéramos el alma ante una figura que entre la multitud se desplazaba. Y suena la banda, la banda de apenas 20 chiquillos que ayer tenían su primera salida procesional con un instrumento y cuyo sueño se calaba, y la banda, la grande, la que lleva 30 años caminando junto a el y que una vez más se mojó para entregar sus marchas, para decirle que aquí están ellos llueve o truene, para ofrecerle las mejores melodías que puedan acompañar sus andas. Y entre tantas lágrimas, se desató la felicidad, la felicidad de ver a un pueblo desbordado en amores, hacia un Cristo y una cofradía siempre tan queridas por hacer de lo sencillo, lo increíble. Por hacer que un acto triste se convierta en un momento único de emociones, de belleza insoportable de ver a Cristo, en medio de nosotros, haciéndonos partícipes de su misterio sin siquiera poner un pie en la calle.

¡Qué momento señor! ¡qué momento! cuando te acercaste al dintel de la puerta y te pedí que salieras aunque solo fuera un instante y me dijistes para qué, si ya me estás contemplando en un momento en el que si salgo, lo olvidarás, pero si me quedo ante tí, recordarás hasta el día que te acerques a mi lado. Y así fue, el Señor se quedó en casa para habitar eternamente en nuestros corazones, porque 525 años, no se pueden dilapidar en 4 horas, se tienen que hacer presentes por 525 años más.

Gracias a las decenas de personas que compartieron también esos emotivos instantes con nosotros a través de nuestra retransmisión. Vosotros también formasteis parte de este acto tan grande.





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