Cáceres sintió la Pasión y la Fe

Ayer se celebró en la iglesia de San Francisco Javier (Preciosa Sangre) un novedoso acto de exaltación de la Semana Santa cacereña, en el que la Coral Santa María de la Montaña, la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Salud y Julián Paniagua, se fusionaron para expresar mediante la palabra y la música, muchos de los sentimientos que se destapan en la Pasión.

Al acto, denominado Cáceres Pasión y Fe, Poesía y Música para exaltar la Semana Santa, acudió el Presidente de la Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres Don Santos Benítez Floriano, junto a un nutrido grupo de hermanos de la Cofradía de la Salud encabezados por su Mayordomo, contando además el acto con numeroso público que llenó la iglesia de la Preciosa Sangre, disfrutando de cinco composiciones de la Coral, cinco de la Agrupación y dos piezas, Cerca de Ti Señor y Stabat Mater, interpretadas de manera conjunta por ambas formaciones. Todo ello en el marco de un texto elaborado por Julián Paniagua en el que fue desgranando cada día de los que componen la pasión desde una perspectiva muy personal.

El acto fue iniciativa de Eulalio Acosta que, en su buena relación con TuSemanaSanta.com, quiso impulsarlo como homenaje por el Décimo Aniversario aniversario de este portal de difusión de la Semana Santa de Cáceres.

A continuación, les ofrecemos el vídeo y el texto íntegro de este acto, que nace con vocación de continuidad en años sucesivos.





Cáceres, Pasión y Fe, poesía y música para exaltar la Semana Santa

Tic tac tic tac (palilleras)

El reloj de la torre del campanario de San Mateo ya está descontando las horas, como si los últimos hilos de luz de aquel que va a emprender el camino de la salvación marcasen el compás de nuestras vidas, los segundos avanzan, inexorables al torrente de contrastes que acontecerán en siete días. En esta semana santa de túnicas compartidas, de dobladillos de cuellos y bocamangas para que un hábito sirva para varias cofradías, nos dirigimos a la Pasión y muerte con alegría, como el que espera un momento único en su vida y sin embargo acogeremos el domingo de resurrección como el inicio de una larga agonía que nos hará recorrer los oscuros senderos de la cotidianidad, alejándonos absortos de ese sueño de lo extraordinario, que se sucede simplemente en nueve días.

Se agotan las horas, minutos y segundos que nos llevan acompasados hacia una nueva pasión, a esos instantes únicos en los que un cruce de miradas desata la primavera, mientras un nudo en la garganta quiebra un surco de lágrimas caladas de esperanza, en una mejilla exhausta ante tanta emoción. Se acercan las noches de gloria, se desparraman los sueños de cientos de cofrades que han suspirado meditando en cada esquina cómo será la próxima estación de penitencia. En el coche, en el autobús, en la bici o en el metro o el avión los que viven fuera de nuestra ciudad. Todos y cada uno de ellos llevan un año soñando con tener el privilegio de volver a alcanzar este momento en el que se detiene el tiempo, en el que una leve brisa huele a clavel y a cera, en el que un murmullo alejado parece un redoble de tambor y en el que el sol se refleja en la piedra barnizándola.

para que se convierta en el marco incólume de un paso de misterio. Ese misterio que se produce cuando sus plantas descalzas hacen su presencia en nuestras calles y plazas, cuando el frío y el rocío de una madrugada se evaporan ante un nazareno que se abre paso entre la multitud y un sinfín de corazones se acompasan a una eterna mecida de las azucenas que atemperan la rudeza de su cruz.
En este rincón escondido del mundo, acontecerá un suceso en innumerables veces repetido, con siglos de historia no siempre recogidos en los libros y que harán, una vez más, un espectáculo único, una representación que a pesar de tantas veces vivida siempre será distinta, que no se verá igual desde los ojos de aquel pintor que la plasma con sus acuarelas, que de aquel niño que camina con su pequeña túnica de la mano de su padre, ni de aquel compositor que le pone melodía, ni de ese capataz cuya voz clama entre tinieblas, ni de aquel capuchón que en la calle oscura se perdía. Todos habrán contemplado las mismas imágenes, pero la magia de la pasión se guardará en sus retinas de forma inigualable. Que aquí hay costaleros y hermanos de carga, que aquí se combinan la madera y la plata, que a veces es montaña la gloria en tu palio y otras veces es un firmamento de estrellas el que te sirve de amparo, que a veces son robustas cantoneras de alpaca y otras claveles en lugar de clavos, que aquí las cruces son de madera, pero el Nazareno la lleva de carey, porque se ha pasado una madrugada entera, caminando entre los que le consideran rey. Una cruz que no arrastra, que cuidadosamente lleva levantada, pues no quiere arrastrar nuestros pecados, si no abrazarlos dulcemente.

Pero aun no es Semana Santa en Cáceres, a falta de tan solo una jornada, cientos de túnicas revolotean nerviosas, como aves en busca de un nido donde cobijarse. Algunos, despistados, tratan de hacer recuento, de saber si el hábito está completo o si el rosario que es broche de oro se ha
quedado en el armario. Faltan apenas instantes para que empiece a caer la tarde y aquellos murmullos se convierten por fin en redobles de tambor de una banda alcanzando una iglesia en ordinario. No suenan marchas de procesión sino compases militares que nos preparan para esa batalla con la emoción de ver a Dios por nuestras calles. La Semana Santa de Cáceres empieza ya por el final, con Cristo Victorioso y resucitado en la Mejostilla, pasando revista a una ciudad que se convertirá en su villa y corte durante todos estos días. Cruzará un puente para hacerse presente en nuestras calles y avenidas, que ya le dan la bienvenida con marchas de amor triunfante. Le sigue su Madre del Rosario, triste y afligida, ante un nuevo recuerdo de aquel dolor como el de siete puñales. No hay consuelo María, para los misterios dolorosos de tantas Madres que rememoran también en nuestros días la muerte de un hijo. Tu revives la agonía cada día, como aquellos padres que se aferraban a las verjas de San Juan Macías, cuando se apagaba la luz de Miguel Ángel, con tan solo 17 años de vida. Y es que el cáncer Señora, se ha convertido en la cruz de nuestros días, llevándose también a algunos de nuestros cofrades que ya comparten contigo la alegría. Sin embargo el vacío que dejan, se hace inmenso en sus cofradías, sobre todo cuando vemos a nuestros titulares, en esas tardes de lluvia en los que se suspenden las salidas. Llora el cielo y lloran con el las cofradías.

Cerca de ti Señor. Conjunta Coral y Agrupación.

Pocos sentidos hacen falta para saber que uno se ha sumergido en el Domingo de Ramos. El bullicio de este pequeño Jerusalén hace de esta una jornada inconfundible, con ese sol radiante cayendo sobre una multitud que le aguarda con sus mejores galas, con la mirada de la ilusión tallada en los rostros de los niños, que contemplan esperanzados a la burrina, que hasta con una sonrisa, le hace un giño a los chiquillos. A tu paso, un mar dorado de palmas sobre terciopelo morado se abren paso entre el gentío, que
clama por verte de cerca, por verte por última vez con tu cuerpo inmaculado, antes de que nuestros pecados y temores comiencen a erosionarlo latigazo a latigazo. Son los últimos momentos de gloria, con tu paso por los adarves de la muralla y por la plaza rodeado de miles de cacereños que te aclaman.

Jerusalén (Coral)

No es un domingo cualquiera, es domingo de ramos y este año si cabe es aun más especial, con ese misterio del prendimiento avanzando serio desde el vivero hasta el centro de la ciudad, levantándose hasta el cielo en cada levantá y con el paso firme y a la vez sereno de unos costaleros que se entregan por completo para llevar con fe a su Cristo de la Humildad. Su paso es fugaz ante los ojos que quieren detener el tiempo, pero el Sumo Sacerdote y el centurión no hacen más que empujar al Salvador, mientras su Madre del Dulce Nombre, le ve alejarse de su barrio del vivero con su mirada de esperanza. De pronto, se acerca Judas y con un beso traidor, entrega al hijo del hombre entre el estupor de un pueblo entregado en amores a ese Jesucristo humilde con un olivo como testigo.

Y cae la tarde de la primera jornada, pero los últimos rayos de luz, esos mismos que acariciaban los rasgos amables del Señor en su entrada triunfal en Jerusalén, quieren ser los que iluminen el rostro de la Misericordia, colándose entre los varales y bambalinas de su palio, aprovechando que ya se acerca el ocaso, prólogo del inicio de la pasión. Una pasión que ya ha comenzado con esa primera caída del Señor camino del calvario, donde por suerte providencial, una mujer llana, de rostro apesadumbrado, se acerca a la santa faz de Cristo para secarla y aliviarle esas heridas que sangran el fruto de la vid. En un primer momento, su acto de amor trata de reconfortar a Jesús en su camino por las calles de nuestra Jerusalén pero, posteriormente, cuando se aleja ya camino de la gran vía, se da cuenta de que verdaderamente había algo especial en ese hombre tratado como un delincuente, pues su rostro había quedado grabado en su paño y como tantas y tantas mujeres, decide seguirle, siendo fiel, entregándose a Él pues ellas siempre son más inteligentes y ven lo que los hombres no ven y ellas son, no lo olvidemos, las que han permitido que los pasos de nuestra ciudad puedan seguir saliendo a hombros al incorporarse a esos turnos que poco a poco se veían diezmados hermanos de carga. Esa fuerza, de mujeres llanas, de abuelas que se empeñaban en que la túnica fuera perfecta, en que ese jaretón cayese recto y en su justa medida, es la misma con la que ahora cargan los pasos, con el empeño de una fe inquebrantable, capaz de llevar la Semana Santa por los más estrechos rincones de nuestra ciudad amurallada.

Y en medio de esa caída de Jesús, en el que las manos del Señor pidiendo ayuda y las de la Verónica parece que se entrelazan, y nuestra Señora de la Misericordia, con esas mejillas anaranjadas por los reflejos de su candelería siempre tan bien iluminada, podemos contemplar esa pequeña figura del Cristo de los Milagros, ese que tantas ejecuciones presenció, siendo el último consuelo para a quienes nada les quedaba.

De Vuelta al Porvenir (Agrupación)

Desde el Barrio de San José , la Cofradía del Amor desfila orgullosa con su Señor de las Penas sobre los hombros, sucediéndose que al que pretendían humillar, colocándole una corona de espinas como símbolo de falsa realeza, manto púrpura y una caña en su mano derecha , se erige como rey y señor de la humanidad por más de 20 siglos, siendo el mayor símbolo de amor de la cristiandad. Y le da sombra en la noche la torre de bujaco, pues vuelve el Señor desde el Palacio de Herodes a la casa de pilatos, cuando se hace presente el lunes, sumergiendo a Cáceres de lleno en la Semana Santa, en la pasión verdadera y tantas veces contada, pero con la singularidad y la belleza de una celebración tan genuina, que se representa ante los ojos de la gente de una manera siempre sencilla.

La Plazuela de Santo Domingo, como aquel patio en el que se juzgó a Jesús en presencia de pilatos, acoge a una multitud inquieta, que aguarda la salida del señor al atrio, pero esta vez no gritará ¡crucifícalo! ¡crucifícalo! sino que estallará en aplausos ante el andar siempre elegante de sus costaleros y ante las levantás de estos, que llegarán a San Juan derrochando arte, queriendo aliviar el dolor del Señor de la Salud, cuya soledad se convierte ahora en compañía, de cientos y cientos de cacereños que le siguen como una masa enfervorecida, con una estrella como faro en Santo Domingo, halo de luz indescriptible que guía miles de corazones entregados a ella. Alcanzando, cerca ya de las 11 aquel convento franciscano, de miradas furtivas a través de una reja, desde la inalcanzable clausura hecha ternura y dulzura de unas miradas enrejadas que observan gozosas el paso de la figura del Señor a los pies de su convento.

Gabbata (Agrupación)

El Señor cae por segunda vez, pero su semblante sigue sereno, siendo fuente de consuelo mientras abraza la cruz de nuestros pecados, no queriendo desprenderse en ningún momento de ellos, en esa dura batalla en la que Cristo vencerá a la muerte, siendo además refugio de tantas personas que sufren mientras siete puñales atraviesan el corazón de María de los Dolores, que se compadece de tantos y tantos padecimientos por los que pasamos sus hijos, el de Nazaret y todos los demás heredados por la que se hizo esclava del Señor y a la vez Madre, Reina y Señora de la humanidad. La muerte no es el final entonan ya las notas en Santa María, y tampoco el lunes santo concluirá sin que dejen de desfilar de esa manera tan propia los hermanos de batallas.

Martes de silencio, de timbal destemplado y de campanillas que acompasan los desfiles procesionales de amparo y perdón. Suena música de capilla, por primera vez en la Semana Santa se escucha música tan fina, pues Cáceres y los Ramos se vestirán de gala para acceder por la parte antigua a los palacios donde viven ellas, palomas mensajeras de la memoria del señor, aves contemplativas del misterio de la pasión que guardan tras las rejas el Sagrario de nuestro Dios. Santa Clara, rincón cacereño donde los huevos alcanzan el poder de ahuyentar las lluvias y de convertirse en los mejores dulces de la región. Jerónimas, donde las manos más oscuras cuidan siempre con dulzura de nuestra Señora del Buen Fin y Nazaret. Y San Pablo, donde una Reina ha bajado de su santuario de la Montaña para ser venerada por las que rezan por tantos. A ellas, se acerca el Señor en su Perdón a esa sociedad que no siempre las comprende en el amor del dar y entregar una vida por su fe creyente.

Y también desde el Santuario, desciende la mirada comprensiva de un padre con la cruz cargado, cuyas manos siempre se desprenden como queriendo consolar a los que ante su presencia se conmueven. Suena la saeta, se quebranta una voz partida que sale de la garganta de Juan Corrales en caleros, de Mara Alegre cuando la figura del amparo camina hasta Santiago, donde una torre se hace pequeña ante su dulzura y alcanza por fin los adarves y la subida del calvario, se hace presente el cansancio pero por fin llega san mateo y suena el adagio, la melodía del consuelo de nuestro Cristo del amparo y aquí, siempre aquí, en este momento tan íntimo de los hermanos, se prepara uno para cuando camine solo por el valle de las sombras, para cuando camine en soledad y solo Él esté a su lado. Prepáranos Señor para afrontar momento tan amargo. Prepáranos para caminar como tu lo haces con los cofrades por la noche del Martes Santo.

Oh Dómine (Coral)

Poco a poco, la pasión va recorriendo todos y cada uno de los rincones del alma, pasando de la gloria del domingo de ramos, a la soledad del lunes de Cristo rodeado de tantos, pasando por el bello trago amargo de un martes en silencio, alcanzando por fin el miércoles de la tristeza y la alegría, el contraste de una madre ante la buena muerte de su hijo y su desgarrador dolor entre el llanto y la sonrisa.

Virgen de la paz (Agrupación)

Manto de terciopelo verde, bordado de esperanzas doradas, tejidas a compás lento, atesorando los sueños de tantos cacereños que depositan en ti el temor de sus desvelos.
Tu eres la mecida de tus bambalinas Al compás de corazones
Que laten al ritmo las horquillas Cuando impartes bendiciones

Tu eres el mar de jubilo
Ante el repique de alegría de las campanas de san juan Que en cuanto te acercas a la puerta
No paran de redoblar


Esperar redoble

Y es que tu eres la primavera Que hace florecer el azahar
Y eres la pureza
De tu elegancia al caminar

Y eres la multitud que te contempla En la curva de san pedro
cuando parras vas a enfilar
Y en tu barrio de busquet
Cuando vas camino de san José
Y en la plaza de la concepción
Donde yo te vuelvo a ver
Cuando tu y yo recorremos la calle Popularmente la de los bares
Y es que tu me acompañas
Cuando paseamos a solas por la plaza
entre el mar de guapas
Que las mujeres te lanzan
Y eres reflejo en los escaparates de pintores Cuando el pávilo de tu candelería
Vibra ante tantas emociones
Trono de sabiduría
Causa de nuestra alegría
Salud de los enfermos
Estrella de la mañana
Y reina del buen consejo
Madre mía de la esperanza
Cuantos sentires se desatan
Con solo verte pasar nos basta
Para embriagarnos de tu fragancia
Y no te hace falta ni el palio
Ni la preciosa alpaca plateada
Porque tu eres bujaco al reinar
Sobre una ciudad que te ama
Mi virgen de la esperanza y mi reina de la paz


Un Vía crucis parte del buen pastor, entre una nube de incienso, y en un barrio popular y obrero, donde se hace presente el Señor, crucificado, en su caminar incierto, en el ecuador de la Semana Santa, con el color morado y rojo de su cortejo. De nuevo el timbal destemplado y los rezos se hacen presentes en nuestra particular pasión al tiempo que saetas y oraciones cantadas, se suceden por cada calle y plaza.

De nuevo en la parte antigua, el bullicio de aquel domingo de ramos se apodera de la ciudad, hasta que se alcanzan las doce de la noche, cuando la tiniebla se va apoderando de todo el conjunto monumental, llenándolo de un silencio que solo se quiebra al quejío de una esquila acompasada por la cadencia eterna de un timbal. El fuego, va apagando esa tiniebla sin romper el silencio y una presencia oscura, llena de luz, se hace presente en la noche y ante tus ojos, como una leyenda cien veces contada hasta llegar a ser cierta. Es un crucificado el que avanza, pausadamente, un cuerpo inerte estremecido y torcido como la tortura padecida, belleza calmada, ante la muerte que con su color negro apaga el color y despierta la suerte, la fortuna de contemplar cinco siglos de historia bajo la luz de la luna y entre la oscuridad total de esas horas a caballo entre el miércoles y el jueves.

Marcha al Santo Crucifijo (Agrupación)

Y esta ciudad, que del contraste hace gala, vuelve a tornar su policromía y de la oscuridad luminosa del Cristo Negro pasa a la explosión de color de la hermandad sacramental de la sagrada cena. Cientos de tonos adornan el momento culmen de nuestra fe. La Eucaristía en la que la ternura del señor hace entrega de su cuerpo y su sangre en una última cena en la que el soberano poder, el que todo lo puede, el Señor de la tierra, se arrodilla humilde para lavar los pies a aquel que le va a entregar, a aquel que le va a negar y a otros diez apóstoles, pecadores como nosotros, que serán los encargados de contar la pasión que ha llegado a nuestros días. Cristo de la Eucaristía, barroco en su humildad, recorre una plaza engalanada ante su paso eucarístico, con la sobriedad y serenidad de una tez templada, que entrega lo más preciado, su cuerpo en forma de pan para que sea alimento de toda la humanidad. Le sigue un ángel, una alegoría como último triunfo antes del sufrimiento extremo, con ese cáliz que se derramará por la salvación del mundo, en un sacrificio nunca antes conocido, de un Dios hecho hombre que vuelve a reflejarse en los ojos de los niños. Y su madre, presente siempre y justo al lado, es consolada por sus hijas que con fe siempre la cargan portando la luz la alegría. Elegancia y finura en su caminar, morenez enjugada por las lágrimas de quien albergó durante 9 meses al hombre que movió las masas de su generación y de todas las que han venido posteriormente.

Templo de la sabiduría, 
Madre de Dios 
Portadora de la alianza 
Y camino del Señor
Fragancia de la primavera 
Cofre de las maravillas 
Tesoro de lo sublime
Y arca que guarda la vida

Eres mi Virgen del Sagrario
La de la emoción contenida
Que pronto te veremos bajo palio 

y con tu candelería encendida
Tu sabes que no hay emoción más grande 
Que en la mañana de un jueves santo
Ver a mi hermana y a mi padre delante
Y que los Protejas bajo tu manto

Por que solo tu eres Madre
Solo tu sabes como cuidarlos
Sabes lo importante que son mis padres 

No olvides tardar mucho en llamarlos
Por que al igual que tu llanto 
A la vera de la cruz
Temo yo aquel momento
En que los lleves a tu luz

Porque tu nos estas esperando 
En cuerpo y alma ascendida 
Desde el cielo contemplando
A nuestro señor, luz y vida.


In monte Olivetti (Coral)

Torna la tarde de color marrón, los colores se hacen tenues y la luz se hace presente en las fotografías y en los momentos que se quedan grabados en la memoria de una forma especial. Entre los olivos situados junto a unas huertas, el cuerpo de un hombre se empapa de sudores fríos, entre el agobio y la desolación ante una situación desesperada. Ese hombre, se va a enfrentar en solo unos instantes a la tortura, humillación, crucifixión y muerte y por primera y única vez duda, ante tanto dolor, si el Padre estará aguardándole al final de ese camino. Aunque les pidió que rezaran, los futuros pastores de la iglesia se han descuidado y se han rendido a los sueños mientras el Señor, solo, ante el temor asfixiante, recibe la presencia de una dulce figura. Un ángel se aproxima a Él para reconfortarle y recordarle que pase lo que pase, su Padre del cielo le acompañará en todo momento. Cuántas y cuántas veces tememos lo que se nos viene encima o vemos tantas y tantas injusticias que se suceden a nuestro alrededor y nos sentimos solos, como el Señor aquella oscura noche, y sin embargo, al día siguiente vuelve a amanecer, nos damos cuenta de que el nunca se ha ido de nuestro lado y que como Él en aquel huerto, debemos depositar todas nuestras esperanzas en la oración, con la certeza de saber que todo ocurrirá según lo que nos tiene preparado para nosotros y que eso siempre será bueno.
Un revuelo se produce en San Mateo, soldados y judíos se aproximan en una turba armada y con antorchas. Rechinan los dientes de miedo. Como una serpiente, Judas se aproxima y con un beso entrega al hijo del hombre que le mira con ternura, se compadece de ese joven entregado a la locura y a las pasiones terrenas, un Judas que finalmente también se arrepentirá de su entrega, una figura que recordemos que sin ella quizás nada hubiera sido posible. Jesús es llevado ante pilatos, que lo manda azotar en una columna y a pesar del dolor y la pena, el rostro del Señor permanece misericordioso, no hay queja. La tempestad va haciendo mella sobre su divino cuerpo también en el Barrio del Espíritu Santo ante los ojos de su pueblo alarmado, pero el sigue entregándonos su mirada redentora, diluyendo la ira y el pecado. Su salud se irá apagando hasta que finalmente expire en ese humilladero y esa pequeña figura que a todos había maravillado, entregará por fin su cuerpo mientras siete puñales atraviesan el alma de María, Corredentora a los pies de la Santa y Vera Cruz.

Ave María (Coral)

Es la noche de la pasión, madrugá del viernes santo, sale Cristo soportando el peso de un madero desde la Concatedral de Santa María, paso a paso, entre cruces de luz, recorre el casco viejo de nuestra ciudad ante un público que ha pasado del esplendor del jueves santo a contemplar los horrores de los peores momentos de la pasión, sobre un cuerpo amoratado, lleno de llagas y heridas y cuya sangre va dejando el rastro de salvación a su paso.

Es Jesús, ya condenado, que parte con su cruz de carey a las 5 y de Santiago. La fe de un pueblo entero caminando entre marchas fúnebres, con una espina clavada en su frente y el dolor de su quebranto. Cáceres, devotamente, le acompaña lentamente en su caminar de viernes santo. A su encuentro, sale la verónica y la magdalena, rotas de dolor ante tanto espanto y un cirineo, es obligado a cargar la cruz siendo también maltratado cuando intenta ayudar al Señor en su tercera caída. Jesús es crucificado en el Calvario. Sus palabras claman perdón a su padre del cielo, al tiempo que entrega a juan como hijo a su madre y a su vez a toda la humanidad que ve en ella, en esas angustias de los instantes finales, el consuelo para esos momentos en los que la vida nos pone a prueba y en los que siempre la tenemos como ejemplo de fortaleza ante la debilidad.

Stabat mater (AGRUPACIÓN Y CORAL)

Son las tres de la tarde en san mateo, en el lugar más alto de la ciudad, del monte calvario, el cuerpo de Jesús, desgarrado, hace que su rostro se muestre por primera vez desencajado ante tanto dolor, con un grito en el que encomienda su espíritu al Padre. Todo esta cumplido. Nuestra Madre de Gracia y Esperanza se quiebra de dolor por dentro pero por fuera sostiene la fe de un pueblo convencido de la resurrección en estas horas inciertas. El Cristo del Calvario, yace inerte mientras sus hermanos, rezan que su novio de la muerte, unido con lazo fuerte a esa leal compañera y riega con su sangre la tierra ardiente. Muestran así, orgullosos ante la muerte, desde la mirada de las gentes sencillas, que la muerte no es el final, porque saben a ciencia cierta que ya le has devuelto a la vida, que ya le has llevado a la luz.

Y contigo hasta el cielo (AGRUPACIÓN)

En esa misma plaza de san Mateo, donde hace unas horas el último aliento del señor se apagaba, los hermanos de varias cofradías, en la fraternidad que nos une, van quitando los clavos, la corona de espinas y descienden al Señor para llevarlo, en cortejo fúnebre, hacia el sepulcro de la ermita de la soledad. De allí, parte la comitiva de la última despedida, donde todas las cofradías acompañan al Cristo Yacente por las mismas calles que recorrió en su pasión, acompañando también a la Virgen de la Soledad en los momentos más duros de la Semana Santa. De nuevo el sábado, el pueblo de Cáceres acompañará a su Madre esperanzada por el buen fin que acontece el domingo de resurrección, cuando de nuevo de San Mateo, parte Cristo Resucitado para el encuentro triunfal en la Plaza Mayor, en el momento culmen de nuestra alegría porque de nuevo, el misterio de la fe se ha cumplido y nosotros, como fieles cofrades, hemos cumplido el deber de evangelizar con la pasión contada en las calles de la ciudad más bella del mundo.

Santus Hosanna (Coral)

Quiero agradecerles a todos ustedes que nos hayan acompañado en este acto. Hemos disfrutado de las brillantes actuaciones de la Coral Santa María de la Montaña y de la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Salud que han interpretado cinco piezas cada una por separado y dos de forma conjunta. Muchos han sido los que venían proponiéndonos la celebración de un acto de décimo aniversario de TuSemanaSanta.com y por primera vez no he tenido el atrevimiento de poner la iniciativa en marcha. Ha tenido que ser la figura de Eulalio Acosta, la que tirase de nosotros hacia delante, con el apoyo siempre desbordante y desinteresado de Raúl Martín Cruzado. Ello da muestras de que no hay que empeñarse en que los jóvenes ocupen el sitio de los mayores, sino que entre todos, debemos unir fuerzas para construir algo tan grande como la Pasión Cacereña. Jóvenes, adultos y mayores deben contar con su espacio y trabajar en comunidad por seguir construyendo grandes proyectos como este, en el que una coral y una agrupación musical se han fusionado en este acto inolvidable. Esperamos volver a celebrarlo en años sucesivos, contando con las dos formaciones, coral y musical y con jóvenes que como yo, tienen su amor declarado a la Semana Santa. Muchas gracias y feliz Semana Santa. 




Exaltación Fe y Pasión
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